lunes, 9 de junio de 2014

El enemigo oculto de Pesadilla en la Cocina

¿Solo un reality gastronómico?

¿Tiene sentido hablar en un blog de salud mental acerca del programa televisivo de Alberto Chicote? Esta semana os invitamos a compartir algunas reflexiones que nos hacen pensar que sí.

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El caso es que, entre la irregular parrilla española, destaca en las noches de los lunes este programa de formato tan repetitivo como eficaz. Para quien no esté al corriente diremos que el asunto funciona así: un restaurante o bar en apuros busca la fórmula para salir del atolladero, por lo general consistente en acumular deudas y ver desfilar clientes hacia los locales de la competencia. Las víctimas de tal descalabro contactan con la cadena de televisión y, tras firmar un contrato de colaboración, se preparan para recibir a una especie de Equipo A gastronómico comandado por Alberto Chicote.

Chicote, afamado y rechoncho cocinero, amante del buen comer y de hablar a las claras, llega a la zona cero, se sienta a probar los platos, conoce al personal, analiza la rutina de trabajo y, una vez visto lo que se cuece detrás del ruinoso negocio, se decide a pasar a mayores. Con su característica espontaneidad y alopecia lingual desata un aluvión de verdades sobre los responsables del desaguisado. Obviamente esto da paso a que crezca la tensión, se rompan algunos platos y surja el espectáculo, que es de lo que se trata.

Razones para el cotilleo

Daría para una entrada o dos el analizar a fondo las claves del éxito de este tipo de realities televisivos. Entre ellas se encontraría sin duda la curiosidad que todos podemos sentir al fisgonear en la trastienda de algo tan familiar como el salir a comer fuera de casa. Pero no añadiremos mucha más leña al eterno debate de por qué nos gusta ver a otras personas interactuar en televisión. Preferimos remitir al lector interesado a uno de nuestros blogs favoritos, que fundamenta sus razonamientos desde un punto de vista biológico bastante esclarecedor. Por nuestra parte, nos limitaremos a confesar los dos motivos por los que nos gusta Pesadilla en la Cocina (a partir de ahora PELC).

El primero de ellos es que (asesorado o no) Alberto Chicote demuestra habilidades propias de un psicólogo bastante por encima de la media. En pantalla parece tener la intuición suficiente para valorar un entorno complejo y detectar: 1) Cómo se reparte el poder entre los miembros de la plantilla y 2) Cuál es el estilo de comunicación empleado para dirimir los inevitables conflictos. Además, sabe emplear intervenciones paradójicas, arroja luz sobre los dilemas y aprovecha bien los clímax emocionales para forzar lo más importante: una toma de decisiones que lleve al cambio.

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El segundo motivo es que nos gusta repasar el repertorio de diferentes problemas y desafíos a los que se enfrenta la gente, aunque parezca que los propios de un restaurante no tengan que ver demasiado con nuestras vidas. Esos problemas son los mimbres de la pesadilla semanal de Chicote. A veces se componen de asuntos específicos e inesperados, como ratones que pasaron a mejor vida y ahora reposan bajo los fogones. Otros obstáculos vienen a ser los sospechosos habituales para el cocinero, viejos amigos del oficio: la falta de higiene, la comida congelada, la descoordinación de las comandas, los roces entre socios...

Sin embargo, existe un problema que surge de forma esporádica y aún así parece ser capaz de escapar a la atenta supervisión de Chicote. Oculto en el lugar más visible del local manda negocios antes prósperos a la ruina más lamentable. Realiza ostentosas apariciones a lo largo del programa mientras observa el curso de los acontecimientos de forma impasible. No se le menciona ni ataca, como si fuera un enemigo invisible, o quizás demasiado complicado de manejar... Nos referimos al alcohol.

El enemigo oculto en la cocina

¿Hasta qué punto puede ser problemático el alcohol? Por respeto a la intimidad de los participantes de la versión española de PELC no vamos a personalizar al reflexionar sobre este asunto. Creemos que el telespectador puede repasar sus recuerdos o revisitar alguna temporada en busca de los diferentes episodios en los que el alcohol ha causado estragos, para así contrastar con lo que aquí se exponga. En algunos de los episodios el enemigo oculto aparecerá de forma sugerida y tangencial, como un visto y no visto. En otros casos su presencia será, paradójicamente, algo sangrante.

Fuente: REUTERS/ABDULLAH MUHSEN
Desde los camareros que se sirven cañas durante la jornada laboral, pasando por los cocineros que avivan su interés por los fogones litrona en mano, hasta las bodegas de selectos vinos saqueadas por sus propietarios, parece dibujarse una situación para nada extraña en el sector hostelero: la de beber en el trabajo, a veces en exceso. ¿Cuál es la lectura que se hace de este fenómeno?

Para Chicote y los espectadores que entramos de forma puntual en la vida de estas personas, la actitud que se demuestra hacia el alcohol -un producto más, al fin y al cabo, de entre los destinados a los clientes- nos puede parecer en ocasiones caprichosa, o más bien poco profesional. Para otros puede tratarse de algo trivial, completamente comprensible. Algunos lo justificarán alegando que, por etílico que sea, el producto les pertenece y pueden darle el uso que crean conveniente. Otros le quitarán hierro al asunto pues, si hay más gente que bebe en el recinto, ¿por qué no habría de hacerlo uno mismo? Parece que ni la voz en off que guía el programa ni el propio Alberto Chicote van más allá de ciertos comentarios puntuales apuntando que beber demasiado no va a ayudar a reflotar el negocio. Por lo general acaban haciendo caso omiso del elefante en la habitación para pasar a alguna otra cosa.

Para ser justos con el chef diremos que, obviamente, el objetivo del programa no es ayudar a superar los problemas mentales que puedan padecer sus protagonistas, aunque influyan. Entendemos que los participantes no han dado su consentimiento para ello y, por intuitivo que sea, Alberto Chicote no deja de ser cocinero. Pero el problema del alcoholismo está ahí, y nos preguntamos si se estará identificando cuando aparece dando la cara. En nuestra opinión el programa no es suficientemente explícito al respecto. Prácticamente nunca se menciona la posibilidad de que se esté sufriendo una adicción al alcohol. No se contempla que esa persona irascible, veleidosa, inmadura, esté padeciendo una enfermedad que altera de forma progresiva su personalidad.

Factores y personas de riesgo

Para no dejarnos influir demasiado por nuestra deformación profesional al interpretar este asunto decidimos llevar a cabo una búsqueda (no muy sistemática, hay que reconocerlo) en las redes sociales. Queríamos conocer la opinión espontánea de los espectadores cuando aparecía el enemigo oculto. Nos interesaba saber si consideraban o no que pudiera existir una enfermedad condicionando el desempeño de los protagonistas. Empleamos la red social Twitter para rescatar los comentarios del público empleando los hashtags correspondientes a programas en los que consideramos existía una dependencia del alcohol por parte de uno de los participantes. Visitamos también algunos foros offline populares con el mismo objetivo.

Salvo alguna excepción muy puntual (dos de cincuenta, aproximadamente) recomendando acudir a Alcohólicos Anónimos, la mayor parte de los comentarios hacían alusión al vicio, la afición a la juerga, al beber, a diferentes drogas... Unos más jocosos, otros más castigadores, casi todos los comentarios se lamentaban por la degeneración personal que veían en forma de altercados, exabruptos, torpezas y derrotismos propios de la intoxicación aguda, pero no parecían señalar vínculos con trastorno o enfermedad alguna. Dicha degeneración parecía algo como caído del cielo o, como mucho, consecuencia de una personalidad problemática desde los inicios. Es cierto que tampoco podíamos esperar mucho más de los subproductos de un programa de puro entretenimiento, pero la situación no dejaba de preocuparnos. ¿Por qué somos ciegos a este problema? ¿Por qué tan poca gente ve el elefante?

Montaje de Bansky.
Nos produjo una grata sorpresa descubrir que, en la versión británica del programa (Ramsay´s Kitchen Nightmares UK), sí hubo un caso que se detectó y trató de forma ejemplar. De hecho dio lugar a un agradecimiento público, allá en el año 2006, por parte de Lenin Dooris, uno de los participantes del programa, quien afirmaba que el chef Ramsay le había salvado la vida al hacerle afrontar su problema. Durante la grabación del programa Dooris había sufrido un desmayo, inicialmente atribuido a un posible infarto cardíaco, que posteriormente el propio cocinero reconoció atribuible a su delicado estado de salud física tras años de adicción al alcohol. Ello motivó una doble intervención por parte del chef Ramsay, quien aconsejó a Lenin que diera prioridad a su salud y abandonase el negocio hasta haberse recuperado, e incorporó al episodio una interesantísima entrevista a Michael Quinn, a quien conocemos durante este video:

Os recomendamos avanzar directamente al fragmento de 32:13 a 36:07


Nos parece básico resaltar la importancia de lo que afirma Quinn: “si cruzas la línea de la adicción y te haces alcohólico ya no puedes volver a ser bebedor social. [Lenin] necesita apartarse, la fuerza de voluntad ya no es suficiente. Para recuperarte necesitas rendirte y admitir tu derrota.” Así de duro y así de cierto. Tanto como esperanzador cuando se comprende y se lleva a la práctica.

Quinn habla de un problema real: la combinación explosiva que se produce cuando se juntan un entorno de riesgo para el consumo y determinadas personas con una predisposición hacia el alcoholismo, la cual no podemos conocer hasta empezar a beber. Desde hace tiempo sabemos que el 4% de la población española padece de alcoholismo, y la cifra de personas en riesgo de sufrir la adicción es mucho mayor. El de la hostelería, por supuesto, no es el único sector que puede considerarse de riesgo a la hora de desarrollar adicciones. Los representantes comerciales, los trabajadores nocturnos, los agentes de bolsa, los médicos... cada uno de ellos por sus propias razones, presentan una tendencia mayor que la media poblacional a la hora de desarrollar una adicción al alcohol u otras sustancias y conductas. La clave del asunto es: ¿cómo darnos cuenta de cuando ya no es un riesgo potencial, sino algo que ya está sucediendo?

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Quizás una de las razones por los que el chef Ramsay lo viera radica en su propia historia personal. Como él mismo ha reconocido, durante su infancia hubo de convivir con el alcoholismo de su padre, lo cual probablemente contribuyó a que llegado el momento se mostrase tan dispuesto a ayudar a Lenin. Pero no sólo vio el alcoholismo, prácticamente invisible para la madre del afectado, sino que decidió afrontarlo activamente, cambiando el rumbo del episodio en lugar de negar el elefante y hacer como si nada. Sin duda hace falta un marco mental y teórico, información que nos facilite percibir y comprender la realidad. Porque sólo existe para nosotros lo que podemos nombrar. Pero el conocimiento es sólo una parte de la solución.


Además del conocimiento hará falta valentía. Y primero tendremos que ser todos los demás, los que vivimos junto a personas que a veces necesitan ayuda, los que debamos cumplir con estos requisitos. No es tarea imposible. A veces un simple reality nocturno puede marcar la diferencia, y contribuir a que el enemigo oculto en la cocina se haga por un momento bien visible, tanto que la persona enferma pueda empezar a saber contra quién tiene realmente que luchar.

domingo, 11 de mayo de 2014

Mindfull...¿qué?

    Estas últimas semanas hemos estado muy ausentes de la blogosfera. Han sido de mucha actividad laboral y también de aprendizaje. Uno de esos temas acerca del cual nos hemos empapado y profundizado ha sido el Mindfulness, una técnica cada vez más y más presente en la psicoterapia actual. El nombre del curso al que hemos asistido y que tan enriquecedor ha sido, es Método de reducción de estrés basado en el mindfulness (MBSR), y se trata de un programa de ocho semanas desarrollado por Jon Kabat-Zinn en el Centro Médico de la Universidad de Massachusetts para disminuir el estrés, la ansiedad, el pánico, la depresión y el dolor crónico.

   En Madrid, el curso lo dirigen la Dra. Beatriz Rodríguez Vega y la Dra. Carmen Bayón, ambas psiquiatras y psicoterapeutas de reconocido prestigio, y a quienes ya teníamos el placer de haber conocido en el Máster de Psicoterapia Integradora con el que completamos nuestra formación durante la residencia. En las clases de dicho máster fue donde tomamos por primera vez contacto con el Mindfulness, y al principio hay que reconocer que nos creó bastantes reticencias. Una vez que comprobamos que las reticencias no iban más allá de la lógica desconfianza por lo desconocido, y el esfuerzo que supone hacer algo nunca antes practicado, pudimos comprobar que cuanto más lo entrenábamos, mayor capacidad teníamos de encontrarle el beneficio. De ahí que ahora nuestra postura sea totalmente a favor de incorporar esta práctica a muchas situaciones clínicas a las que nos enfrentamos en nuestro trabajo del día a día.

   Las plazas del curso están abiertas a todo el mundo, desde profesionales de la Psicología y Psiquiatría a personas afectadas por enfermedades con dolor crónico, problemas de ansiedad y depresión, profesionales de la Educación (otro campo donde está creciendo también la aplicación del Mindfulness), etc. Los psiquiatras y psicólogos que asistíamos comentamos en la primera sesión que nuestro objetivo era conocer mejor la técnica para poder complementar nuestro trabajo diario buscando una manera más completa de poder ayudar a nuestros pacientes, pero creo que al final todos coincidimos en que la mejor forma de poder utilizarlo ha sido tal y como la plantea el curso: experimentándolo en primera persona en las diferentes prácticas (siendo el programa eminentemente práctico) que se ofrecen.

Ilustración vía vivirenatencionplena.blogspot.com


¿Qué es el Mindfulness?

   Kabat Zinn lo definió como “prestar atención de manera particular, como propósito, en el momento presente y sin juicios mentales”. No ha habido consenso acerca de una traducción en español (en una sola palabra) que permita conservar el significado exacto. Lo que más se aproximaría sería llamarlo atención plena. Es decir, focalizar la atención en sensaciones, emociones, pensamientos… en el momento presente.
El mindfulness sería una cualidad de la mente que ha sido mucho más entrenada en las filosofía oriental por medio de la meditación. La cultura que vivimos en Occidente es más un modo de vida basado en la acción, en cambio, el estilo de vida oriental contempla el aprendizaje mediante la observación de la experiencia.

   El entrenamiento de ser conscientes de nuestras sensaciones, pensamientos, emociones en un momento dado, en el aquí y ahora, nos permite dar respuestas más ajustadas, en lugar de reaccionar (sin tomarnos esos segundos de hacer balance decisional) ante los diferentes estímulos que el día a día nos va planteando. Y además, e igualmente importante, nos permite entrenar la cualidad de no juzgar contínuamente pensamientos, emociones... tratándonos a nosotros mismos con amabilidad, actitud que con demasiada frecuencia pasamos por alto convirtiéndonos a veces en el juez más severo para con nosotros mismos.

Ilustración vía www.eus3.es


¿Para qué nos puede servir el Mindfulness?

   En realidad, y como hemos explicado, cualquier persona puede encontrar beneficios en la práctica del Mindfulness, ya que supone un cambio de actitud para con nosotros mismos, tratándonos con mayor amabilidad y ausencia de juicios constantes, y nos ayuda a ser más conscientes del momento presente y más dueños de nuestras decisiones, emociones, sensaciones y pensamientos. No se trata de concentrarse, se trata de tener una atención relajada que deja que las cosas fluyan y lleguen a nuestra conciencia. Darse cuenta de lo que ocurre en cada instante, como si fuera la primera vez que ocurre.
Otro principio que promueve el Mindfulness es el de la aceptación. Esto significaría tomar conciencia y admitir todo aquello que se origina dentro de nosotros momento a momento tal y como es. Dejar ir y no apegarse. Nuestra mente se aferra a determinados estados, sobre todo cuando son agradables y pretendemos que permanezcan y no cambien, pero las sensaciones, emociones y pensamientos no responden a nuestros deseos, van y vienen, hay que dejar que aparezcan y se vayan y ser testigos de su fluir, sin apegarse a ellos. La práctica del Mindfulness nos aporta el poder observar y explorar con distancia nuestras sensaciones, emociones y pensamientos y no apegarnos a ellos de manera inconsciente con resultados indeseados, como sucedía en las trampas para monos.

   El Mindfulness está siendo cada vez más incorporado en prácticas de psicoterapia occidental. Como decíamos, está aportando muy buenos resultados en el tratamiento de patologías como ansiedad, depresión, trastornos somatomorfos, dolor crónico, etc. Kabat-Zinn expone: “nosotros no somos nuestra ansiedad ni nuestros temores, y por tanto estos no tienen por que dominar nuestra vida”. Al prestar atención a nuestro pensamiento, nuestra relación con él cambia. Otro de los beneficios que aporta es el de favorecer una mayor conexión entre mente y cuerpo, que aunque están íntimamente relacionados, a menudo seguimos estableción una línea divisoria que podría ayudarnos a explicar muchas dolencias y problemas de salud que no encuentran respuesta en una medicina meramente somática y organicista.

Ilustración vía www.priotime.com



   Para terminar, queremos compartir este poema de Portia Nelson, una ilustración perfecta de la diferencia entre ser conscientes del momento presente y no serlo.


AUTOBIOGRAFÍA EN CINCO CAPÍTULOS CORTOS

Bajo por la calle.
Hay un hoyo profundo en la acera.
Me caigo dentro,
Estoy perdido... me siento impotente
No es culpa mía.
Tardo una eternidad en salir de él.

Bajo por la misma calle,
Hay un hoyo profundo en la acera.
Veo que está allí.
Caigo en él de todos modos... es un hábito.
Tengo los ojos abiertos.

Sé dónde estoy.
Es culpa mía.
Salgo inmediatamente de él.

Bajo por la misma calle.
Hay un hoyo profundo en la acera.
Paso de lado.

Bajo por otra calle.

domingo, 30 de marzo de 2014

Doctor Krupov. El guiño ruso a la sinrazón.


Editorial Ardicia. Portada de Frida Stenmark.

Esta semana, para despedir el mes, nos gustaría salirnos un poco del marco terapéutico en el que los profesionales tendemos a encasillarnos, acomodados en la inagotable teoría, aturdidos por los lances de la consulta diaria. Haremos para ello una pequeña incursión literaria de la mano de varios compañeros de excepción.

 Nunca es mal momento para mirar más allá del propio ombligo, pero es probable que en este marzo del catorce hasta el más desinformado se haya visto más o menos obligado a contemplar el regreso a los escenarios de ese personaje eterno de la Historia que viene siendo Rusia, nuestro nebuloso antihéroe de referencia.

Vía: http://www.mrgrayhistory.com/

Desde luego, algo tiene ese gélido, inmenso, espinazo del planeta que parece obligarnos a la introspección, casi nunca amable. Primero a través de los gigantes de la novela psicológica, más tarde exportando la utopía socialista. Ahora, el viento del norte nos trae los improbables amagos de una regeneración nacional con regustos imperiales. Parece el destino de los rusos señalar las contradicciones más profundas de nuestra condición de ciudadanos pretendidamente libres, supuestamente racionales, autodenominados Occidentales.

Coincidiendo con este despertar invernal, la joven Editorial Ardicia publica una de aquellas afiladas miradas rusas, titulada Doctor Krupov. La breve novela adopta nombre de psiquiatra, pero su contenido ilumina intuiciones perennes, cuyas implicaciones desbordan a la psiquiatría, aunque basen su discurso en ellas.



 Para analizarlas contamos con la colaboración de Alberto Fernández Liria, uno de las mentes más activas y lúcidas a la hora de enmarcar, comprender y practicar la profesión de psiquiatra dentro de su contexto social.
El doctor Fernández Liria, además de ser director del Área de Gestión Clínica de psiquiatría y salud mental del Hospital Universitario Príncipe de Asturias, codirige el máster universitario de Psicoterapia Integradora de la Universidad de Alcalá de Henares. No es exagerado decir que a él debemos la esencia de nuestra formación como psicoterapeutas, y por ello es un doble placer que nos permita compartir sus reflexiones desde este espacio.
Por este motivo, desde aquí le damos la palabra y enviamos un sincero agradecimiento.


Alexandr Herzen. Doctor Krupov. Madrid: Ardicia, 2014.

Retrato de Alexandr Herzen. Nicolai Ge. (Fragmento)
Herzen fue probablemente el mejor representante del exilio romántico ruso. Propugnó una suerte de revolución populista que le pareció que podía ser protagonizada por las masas campesinas. En sus recorridos europeos fue compañero de otros escritores exiliados rusos como Turgeniev u Ogarev y de revolucionarios como Bakunin o Marx con quienes departió, debatió y compartió, y a los que acogió, financió y publicó cuando fue necesario. Con ellos vivió la primavera de las revoluciones que conmovieron Europa en 1848. De su vida, desmesurada, tormentosa y a su modo ejemplar, han dado fe el prolífico Carr y recientemente en nuestro país, en un entretenido volumen con resonancias de Stefan Zweig, Enrique López Viejo, que también prologa la obra que comentamos. La muerte le alcanzó sin darle tiempo, por unos meses a ser testigo del nuevo estallido revolucionario que dio lugar a la Comuna de Paris. Entre sus admiradores declarados figura León Tolstoi.

Doctor Krupov es un escrito de poco más de cuarenta paginas en el que – en una maniobra que siglo y medio después hubiéramos podido tildar de borgiana - Herzen se transmuta en el Doctor Krupov para compartir con los lectores algunas de las ideas contenidas en su supuesta gran obra Psiquiatría comparada.

Ejecución de los Streltsy. Vasily Ivanovich Surikov.
Lo que probablemente pretendía Herzen con este artificio literario era hablar de la sociedad desde la perspectiva que puede dar el contacto con las personas a las que llamamos locas – algo, por cierto, que los psiquiatras parecemos empeñados en dejar de hacer desde que la Década del Cerebro nos envenenó la mente. Quizás sin quererlo hizo algo más. Por lo pronto, nos dejó un especie de retrato robot de la Psiquiatría y de los prejuicios sobre la locura y quienes la encarnan del momento. Pero además, y aquí no cabe imaginar que actuara sin intención, esbozó u especie de programa para una antipsiquiatría o psiquiatría crítica que no vio la luz porque, al fin y al cabo, el Doctor Krupov era un personaje de ficción y el verdadero autor, a los 35 años, estaba preparándose para salir al exilio mientras el texto pasaba de la censura zarista a las galeradas.

El Doctor Krupov nos ofrece su sugerente listado de “indicios principales de la alteración de las facultades mentales” consistentes en:
  1. La conciencia incorrecta e involuntaria de los elementos circundantes
  2. La obstinación patológica, empeñada en conservar esta conciencia incluso con daño evidente para el enfermo; y de aquí
  3. El esfuerzo torpe y constante por conseguir objetivos poco importantes, y el descuido de los verdaderos objetivos”
Vía: http://www.soviethistory.org/index.php
Pero no se resiste a explorar lo que ocurriría si aplicara estos principios al estudio del comportamiento de determinadas figuras sociales. Así, estudia pormenorizadamente las similitudes y diferencias entre dos instituciones como son el manicomio y el tribunal médico municipal (que resultan diferenciarse, sobre todo, por la forma en que se ingresa en una y otra institución porque ambas acaban ejerciendo su efecto sobre sus integrantes de un modo semejante) y se ocupa a continuación de “otros habitantes de la ciudad”. Muchas de las ideas que los críticos de la psiquiatría de los años 60 y 70 del pasado siglo y de los actuales sustentadores de la llamada “Psiquiatría Crítica” están allí esbozadas.

El Doctor Krupov no se priva de utilizar sus observaciones para fundamentar una propuesta terapéutica. Por eso nos recuerda que:

   “Tenemos ya valiosas observaciones a propósito de la posibilidad de mejorar químicamente y modificar la parte espiritual (…). Así por ejemplo, la aplicación conveniente del tratamiento con champán predispone al individuo a la amistad, al valor, al sentimiento de alegría a a los abrazos desbocados.
      El borgoña, aunque actúa exactamente de la misma manera (…) produce un efecto absolutamente distinto: el individuo se vuelve lúgubre, insociable, más dado a los celos que al amor, más al arrepentimiento que al deleite, más al llanto por los pecados de este mundo que a la indulgencia.”

Alberto Fernández Liria
Psiquiatra

domingo, 23 de marzo de 2014

¿Funciona la psicoterapia de grupo? Unidos por el cambio

 Es frecuente que los pacientes nos planteen en la consulta sus dudas acerca de la eficacia de la terapia de grupo. Muchos piensan que es una forma un tanto diluida de tratar su problema, que identifican como tan complejo que requiere de toda la atención del terapeuta. O temen que por características personales como la timidez no puedan expresarse con comodidad y libertad. Otra situación frecuente es la duda antes de empezar, o la sensación inicial de que no se identifican con el resto de pacientes, o que las historias dolorosas de otros les sobrepasarán.

La psicoterapia de grupo es una técnica utilizada desde hace décadas, y cuya eficacia se ha demostrado al menos tan efectiva como la psicoterapia individual en varios trastornos mentales. En algunos de estos trastornos muchos profesionales ya no piensan que sea tan efectivo como el tratamiento individual, sino que consideran que es indispensable para la recuperación, y ocupa un lugar central en el plan de tratamiento. Este sería el caso de las Adicciones, Trastornos de Personalidad y Trastornos de Conducta Alimentaria entre otros.


Pero además, en el contexto de la asistencia sanitaria va en aumento la utilización de grupos especializados de tratamiento. Este sería el caso de grupos educativos y de apoyo para familiares o para para pacientes con enfermedades somáticas crónicas. En los últimos años han proliferado los grupos educativos para la diabetes, grupos para familiares y cónyuges en enfermedad de Alzheimer, apoyo para pacientes oncológicos, rehabilitación tras infarto de miocardio, etc.
De hecho, como curiosidad histórica, uno de los pioneros de la terapia de grupo fue un internista de Boston llamado Joseph Pratt, quien en el año 1905 puso en marcha un grupo para educar y tratar a pacientes afectados de tuberculosis, y que por lo general carecían de recursos económicos para costearse el tratamiento convencional.

Aspectos claves del éxito de la terapia de grupo:

Hay un acuerdo generalizado en cuanto a la premisa de que la personalidad y la manera de actuar de cada individuo son el resultado de las relaciones significativas con otros seres humanos, especialmente las más tempranas. Un desarrollo psicológico saludable y adapativo tiene que ver con los vínculos sólidos establecidos a lo largo de la vida. Existen casos famosos de “niños salvajes” que han sido objeto de estudio por profesionales de la psicología y la sociología, y en los que se ha destacado el papel fundamental de las relaciones humanas para adquirir plenas facultades de lenguaje, comunicación, sentimientos...
La psicoterapia de grupo proporciona la oportunidad de analizar y revivir nuevas relaciones gratificantes con los demás. El terapeuta ayuda a ello señalando y reforzando el significado y los efectos de las interacciones entre los miembros del grupo. Esto permite a los integrantes tomar conciencia de sus aquellos comportamientos problemáticos, y aprender nuevas formas de relacionarse.
Otro aspecto importante de la psicoterapia de grupo es la necesidad humana generalizada de vivir experiencias de pertenencia a un grupo, conexión y apoyo. En nuestra sociedad cada vez se hace más difícil conseguir estas experiencias de forma natural, existe una tendencia al aislamiento y a establecer unos vínculos más líquidos que sólidos. Esta circunstancia explicaría también en parte la proliferación de grupos fuera del ambito sanitario, como por ejemplo los grupos de padres divorciados.


Factores terapéuticos:

Este post está muy inspirado en el libro Guía breve de Psicoterapia de Grupo de Sophia Vinogradov e Irvin D. Yalom. En él se enumeran una serie de aspectos concluídos a partir de la investigación para explicar el funcionamiento de la psicoterapia de grupo obtenidos de cuestionarios dirigidos a pacientes, terapeutas y observadores cualificados. Estos serían los puntos aceptados por los que la psicoterapia de grupo resulta un tratamiento exitoso complementado o no con la terapia individual:

  1. Proporcionan esperanza, especialmente mediante los testimonios de curación.
  2. Experiencia de que el problema no es único, universalidad.
  3. Transimitir información, ya sea conocimientos técnicos por parte de los profesionales o consejos de los miembros del grupo..
  4. Experiencia altruista.
  5. Desarrollo de técnicas de socialización.
  6. Aprendizaje vicario por el comportamiento imitativo.
  7. Catarsis, entendida como expresión y liberación de emociones y aceptación incondicional.
  8. Recapitulación de conductas sociales aprendidas y toma de conciencia de las mismas.
  9. Trabajo de factores existenciales comunes a todos los humanos como la muerte, la libertad, la carencia de sentido...
  10. Cohesión. La necesidad humana del sentido de pertenencia y de apoyo.
  11. Aprendizaje interpersonal.

Saber qué tipo de tratamiento o intervención es la más adecuada para cada paciente dependerá siempre de la evaluación del problema que un profesional sanitario haya realizado. Lo más beneficioso en la mayoría de los casos suele ser que además de la psicoterapia de grupo se le añada el complemento de la terapia individual, que también servirá para guiar al paciente en las conclusiones y aprendizajes que obtenga de las sesiones grupales.
Como hemos visto, existen aspectos de la psicoterapia de grupo que aportan más beneficio a aquellos pacientes cuyos problemas se ponen más de manifiesto en la interacción con otras personas, y que no se pueden obtener en la consulta únicamente con el terapeuta.