domingo, 1 de diciembre de 2013

Dándole cuerda al reloj de la psicoterapia



Misión cumplida, después de una primera consulta, ahora le vemos sentido al hecho de ir al psiquiatra. Quizá hayamos acordado empezar una psicoterapia. Los profesionales de salud mental tenemos claro que la psicoterapia es una de las herramientas fundamentales para el tratamiento de nuestros pacientes. Al evaluar un caso por primera vez, detectamos aquellos conflictos no resueltos, aquellos pensamientos que hacen daño o aquellos comportamientos que perpetúan un círculo vicioso. En definitiva, nos formamos una idea del núcleo del problema. “Esto necesita una psicoterapia” decimos, y los pacientes asienten, pues la terapia psicológica está ya más que arraigada en nuestra cultura.

Lo que no siempre aclaramos a nuestros pacientes es el plan de tratamiento completo, es decir cuánto va a durar la terapia. Normalmente con los fármacos lo tenemos más claro y damos pautas concretas sobre cuándo tomarlos y durante cuánto tiempo. Pero ¿qué pasa cuando pensamos que lo más apropiado es la terapia? Los pacientes, en nuestra experiencia, no siempre preguntan si no se lo explicamos. Y no debemos olvidar que en el imaginario colectivo se encuentran cosas como ésta...

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En realidad, cada vez se trabaja más en psicoterapia con modelos denominados breves. Esto es así incluso en las formas más actualizadas de psicoanálisis o terapia psicodinámica, donde sigue existiendo el psicoanálisis clásico de años de duración, pero cada vez más se trabaja con modelos centrados en un problema concreto o foco. En estos casos, lo habitual es dedicar aproximadamente entre una y tres sesiones a hacer una completa evaluación del paciente. En ellas analizaremos el motivo o problema por el que consulta, pero también datos relativos a su vida pasada y actual, de manera que podamos hacernos a la idea de sus fortalezas psíquicas, de los valores, dificultades, entorno... Y así, terapeuta y paciente terminarán por definir una versión o narrativa del problema sobre el que se dedicará el trabajo psicoterapéutico.

Llegados a este punto, sería conveniente establecer el contrato psicoterapéutico, es decir, una descripción de cómo se desarrollará la terapia incluyendo duración de las sesiones, frecuencia, y duración total aproximada del tratamiento. Como es habitual en la asistencia sanitaria, donde manejamos nuestros cálculos más por estadística que por cifras exactas, la duración del tratamiento va a depender de cada caso concreto. Por eso, es muy importante dedicar -si es necesario- hasta tres sesiones para tenerlo lo más claro posible y afinar en la predicción de la duración. En los modelos más recientes de terapias breves lo habitual es que duren entre 15 y 24 sesiones, lo que vendría a ser entre 4 y 6 meses, siendo la frecuencia de las sesiones semanal en la mayoría de los casos.


Una vez concluída la evaluación, el terapeuta debe informar de sus conclusiones y establecer las características más adecuadas para la terapia, de manera que si el paciente acepta pueda ponerse el tratamiento en marcha.

El factor tiempo es clave en la manera en que todos organizamos nuestra mente. Por eso, aportar datos acerca de la duración estimada de la psicoterapia ayudará al paciente a tomar parte de manera más activa, decidiendo de qué quiere hablar y qué considera de relevancia. Dicho de otra manera, ayudará a impedir que pasen años y años hablando del “sexo de los ángeles”.
Al igual que existen esas primeras sesiones de evaluación, también es recomendable cuando la terapia va llegando a su fin, y paciente y psicoterapeuta lo saben, dedicar un par de sesiones a establecer un resumen y conclusiones de lo que se ha trabajado. De esta manera facilitamos que el paciente se pueda llevar una idea lo más sintentizada posible de su evolución, estado actual y de las estrategias aprendidas que han posibilitado su recuperación.

Las claves:
  • La psicoterapia es un tratamiento programado para un tiempo definido.
  • La duración habitual es de entre cuatro y seis meses una vez a la semana.
  • Conociendo la duración, el paciente puede participar más activamente en el desarrollo de la terapia.


2 comentarios:

  1. He necesitado psicoterapia en varios momentos de mi vida y la última vez actuaron como tu comentas, me dijeron tras las primeras sesiones cuántas serían necesarias para revaluar la situación y la verdad es que me parece mucho mejor, porque la incertidumbre también crea estrés.

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  2. Muchas gracias por compartir tu experiencia, nos ayuda mucho saber si lo que hacemos tiene resultados positivos y nos alegramos de que así sea. Últimamente se habla mucho de empoderamiento del paciente y ésta es una manera sencilla sin aplicaciones ni tecnologías. Simplemente tomarse unos minutos para ponernos en su lugar y anticipar lo que puede necesitar. Un afectuoso saludo.

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