Tener problemas con las personas con las que
trabajamos, por increíble que pueda sonar, es una de las causas más
habituales de sufrimiento en el día a día, pudiendo llegar uno a
enfermar y a requerir una baja médica que detenga temporalmente la
escalada del conflicto.
Para estas personas el proceso de buscar ayuda
externa puede suponer un calvario adicional. Ayudarlas no es
sencillo, no por culpa de ellas, sino porque existe mucha confusión
y poca información fiable acerca de cómo se inician y agravan estas
situaciones.
Unas veces se centra excesivamente la intervención
en el individuo sufriente (“no le des importancia”, “céntrate
en el trabajo”), mientras que otras se cargan tintas casi en
exclusiva contra el entorno laboral adverso (“Sal de ahí”,
“denuncia”). En ambos casos cuesta centrar el foco, incluso
cuando somos nosotros, los clínicos, quienes intervenimos.
Aquí os presento 10 ideas que me parecen
fundamentales para empezar a entender y encauzar apropiadamente estos
conflictos laborales que nos pueden alcanzar a todos en un momento
dado:
1. Cuando firmamos un contrato de trabajo nos
enfrentamos a dos retos: la tarea por la que se nos paga y el reto
de encajar en el ecosistema humano al que venimos a caer. A menudo
esto de trabajar con otros es lo que más nos cuesta.
2. Trabajar con otros no es fácil.
Quisiéramos trabajar con clones de nosotros mismos. Individuos que
reaccionaran ante la realidad del trabajo de la misma forma que
nosotros. La cruda realidad es que nos vemos obligados a trabajar
con estos desconocidos que ni somos nosotros, ni son nuestros
familiares, ni son tampoco nuestros mejores amigos.
3. Afortunadamente somos bastante todoterreno
a la hora de relacionarnos. Podemos cooperar incluso en tareas
complejas manteniendo unas relaciones sociales bastante
superficiales. Los riesgos de trabajar sin apenas saber del otro son
la proyección de lo propio y el malentendido. Es muy habitual, por
ejemplo, pensar que los demás comparten la misma idea de lo que es
justo o injusto. A veces tratamos a los demás y sentimos que nos
tratan de manera similar a como lo han hecho en nuestra familia.
Aquellos trabajadores tan marcados por su historia familiar que la
proyectan continuamente en el presente para confusión y malestar de
todos son los que decimos que padecen un Trastorno
de la Personalidad. Son la versión
especialmente rígida de algo que nos pasa a todos.
4. Somos una especie
hipersocial. No podemos vivir sin estar
vinculados a algún grupo, pero siempre hay tensión. Navegamos en
un equilibrio inestable entre competición por los recursos y la
colaboración, a veces altruista y otras veces calculada. Un grupo
humano que convive durante tiempo suficiente va desarrollando un
histórico de relaciones que pueden ser
recordadas. Llevamos la cuenta de cómo nos tratan y nos encanta
cotillear. Esto da lugar a un clima emocional o una mar de fondo que
condiciona cómo nos comportaremos a cada momento con cada miembro
del grupo. Está latente, aunque no se
mencione. A menudo emerge en forma de conductas o sucesos, que sin
conocer la historia no se entienden.
5. Una forma en que los primates reducimos la
frecuencia de conflictos y enfrentamientos es organizando el grupo
en jerarquías con diferentes rangos de poder. Las jerarquías
ordenan el acceso a los recursos. Los primates humanos hacemos lo
mismo de forma espontánea en torno a 2 cualidades: dominancia y
prestigio. Pero además creamos jerarquías formales: nombramos
supervisoras, jefas de sección, jefes de servicio, subdirectoras,
directoras, presidentes y reyes. En un grupo humano
institucionalizado coexisten una jerarquía informal, espontánea, y
una jerarquía formal u oficial, el organigrama. Esto
hace que a veces se den situaciones algo peculiares, donde quien
debería tener poder apenas lo tiene, y alguien que carece de
nombramiento oficial a lo mejor se erige como un líder investido de
autoridad.
6. Hasta ahora hemos hablado del propio
grupo. Pero los humanos dividimos
rápidamente el mundo en "ellos" y "nosotros", endogrupo y exogrupo.
La relación con los otros grupos siempre es
tensa y delicada. Con los demás nos comparamos continuamente
de tal manera que salgamos siempre favorecidos
en la foto. Los otros son más torpes, más
tontos, sus costumbres son más primitivas, sus motivos
probablemente más egoístas y sus intenciones sospechosas.
Esta
competitividad refuerza los lazos con los miembros de nuestro grupo,
y por ello es frecuente buscar enemigos externos para calmar los
malos rollos. Es el narcisismo de las pequeñas diferencias.
Funcionamos como tribus divididas por asignaciones arbitrarias, que
en el sector sociosanitario son las categorías
profesionales y sus diferentes especialidades. Ahí estamos muy
pendientes del asunto del poder, especialmente quienes sienten que
salen perdiendo en la organización de ese grupo grande que es la
institución.
7. Trabajar es sufrir, porque trabajar es
fracasar. Ante el fracaso no todos
reaccionamos igual. Para tener éxito en
nuestra tarea ponemos toda nuestra personalidad en juego. Por ello
hay tantas formas de afrontar la tarea como personas. Esto, cuando
trabajamos juntos, nos lleva al conflicto de tarea. Tenemos ideas
diferentes de cómo hacer las cosas. Además de los conflictos de
tarea existen los conflictos de relación, que son los que tienen que
ver con cómo nos tratamos unos a otros, y lo que interpretamos del
trato recibido. La mayoría de conflictos en el trabajo son de tarea
o comienzan siéndolo. A base de repetirse, insistir y no analizarse
tienden a verse como algo personal, se convierten en conflictos de
relación y dejan de mencionarse explícitamente. Se convierten en
material de confidencias y rumores. Esta tendencia a la
personalización es consecuencia de nuestra naturaleza hipersocial,
que nos lleva a estar muy pendientes de las intenciones de los
demás. Las podemos ver en todas partes, incluso donde no las hay y
no las puede haber.
8. Lo que permite metabolizar, elaborar y
prevenir la escalada de los conflictos de tarea son los espacios de
cooperación, ya sean formales (reuniones, sesiones clínicas) como
informales (desayunos, quedadas, encuentros casuales). En estos
lugares, si se ha cultivado un clima de confianza, podemos pensar
juntos acerca de cómo afrontar la tarea compartida. Eso implica
hablar de fracasos, apaños, trampas y triquiñuelas con la
esperanza de dar a luz nuevas normas. Estos espacios de coordinación
a veces se socavan en pro de la eficiencia o por sobrevivir a la
sobrecarga.
En las reuniones surgen, inevitablemente, repartos de roles (líder, saboteador, portavoz, chivo
expiatorio) que pueden ser vividos de forma persecutoria por los
jefes. Las reuniones a menudo se evitan debido a la presencia de
conflictos relacionales latentes, o por esquivar el enfrentamiento con
las tribus vecinas, es decir, guerras entre categorías. Esto
conduce a la labor solitaria, el sálvese quien pueda, destruye la
innovación en los equipos e impide que los servicios sanitarios se
adapten al inevitable cambio de la realidad asistencial.
9. A menudo se quita hierro a
los conflictos y sus efectos, viéndolos como chiquilladas de patio
de colegio. Para nosotros esta lectura se trata de una forma de no
sufrir que conduce al error. Las hostilidades en un ámbito tan
inescapable como el trabajo pueden llevar a los trabajadores a
enfermar, a veces tan gravemente como para terminar en suicidio. Las
hostilidades en el ámbito laboral llegan cuando los problemas
organizativos ya son viejos y reiterados. Los conflictos deben ser
leídos como señales preocupantes de equipos en graves aprietos por
su incapacidad para adaptarse de forma activa a la realidad. Son
señales que se convierten en problemas con entidad propia,
complicándolo todo. Un conflicto no
elaborado tiende a escalar en intensidad y amplitud, a menudo
polarizando fragmentando los equipos, a veces de forma irreparable.
El acoso y el ostracismo pueden ser
derivadas de este proceso que se ha dejado pudrir. Para cada momento
de esta escalada se abrirán y cerrarán posibles ventanas de
intervención que debemos conocer.
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Fuente: elaboración propia. |
10. Ante una amenaza para la vida la reacción
es una de tres: el ataque (el conflicto
escala), la huida (baja médica, adaptación del puesto), o la
parálisis (señal de
sumisión o muerte para confundir al depredador). La demanda de
ayuda debe ser entendida en este contexto a
veces como búsqueda de aliados, la mayor de las
veces como una escapatoria. De ahí las bajas larguísimas y
las peticiones desesperadas de cambio de puesto. Muchos trabajadores
quieren ver en la adaptación de puesto su tabla de salvación, cuando a menudo esto no es viable. Son
entrevistas especialmente largas, confusas, llenas
de personajes donde no termina de quedar claro lo que se busca,
quién tiene el problema y quién lo padece. La labor de los
profesionales de los Servicios de Prevención de Riesgos Laborales,
los psicólogos organizacionales o los profesionales de
Recursos Humanos será clave en tanto que conocedores
del medio natural del trabajador, siendo además potenciales
intermediarios con su equipo de trabajo.
El regreso al puesto nunca será sencillo y requerirá
intervenciones previas al alta, consensuadas y
capaces de zurcir en lo posible el desgarrón de la relación entre
el profesional y su equipo de trabajo.

3 claves para terminar:
El conflicto en torno a la tarea es
inevitable. La personalización del conflicto y su escalada violenta
tiene que ver con la falta de espacios para la adecuada cooperación
de los trabajadores.
El foco de la evaluación debe caer sobre
el equipo, no el individuo. Debemos contar con instrumentos o
dispositivos para poder evaluar esto.
Los SPRL, RRHH, y los psicólogos
organizacionales tienen un papel fundamental como referentes sobre
el terreno, conocedores del contexto material y humano.
Especialmente en la reincorporación tras una baja y a la hora de
dar la acogida a los nuevos trabajadores.
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Referencias:
- Raffaele Fischetti. Grupalidad y
sociabilidad sincrética. Área 3. Cuadernos de temas grupales e
institucionales. Madrid, 1998. Disponible en:
http://www.area3.org.es/Uploads/a3-6-grupalidadsociabilidadsincretica-RFischetti.pdf
- J. Camilo Vázquez. Raíces, ramas y
frutos de la hostilidad laboral. Interpsiquis, 2020. Disponible en:
https://www.researchgate.net/publication/343548681_Raices_ramas_y_frutos_de_la_hostilidad_laboral
- Christophe Dejours. El desgaste mental
en el trabajo. Modus Laborandi. Madrid, 2009
- Christophe Dejours. Trabajo y
violencia. Modus Laborandi. Madrid, 2009.
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Los derechos de las imágenes empleadas pertenecen a sus respectivos autores y se emplean aquí con meros fines didácticos e ilustrativos:
1. The Office (2005-2013): https://www.imdb.com/title/tt0386676/?ref_=fn_al_tt_1
2. Better Call Saul (2015-2022): https://www.imdb.com/title/tt3032476/
3. Mad Men (2007-2015): https://www.imdb.com/title/tt0804503/?ref_=nv_sr_srsg_0_tt_8_nm_0_q_mad%2520men
3. Hippocrate (2018): https://www.imdb.com/title/tt9350920/?ref_=nv_sr_srsg_0_tt_6_nm_2_q_hipocra
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