domingo, 1 de mayo de 2016

La vida (no) es así en tu cerebro

La vida antes era así.
Hace unos años empezó a hablarse mucho de la oxitocina. Esta hormona era una vieja conocida por sus funciones reproductivas, interviniendo en la secreción de leche materna e induciendo las contracciones del parto. Conforme se investigaba sobre ella se comenzó a prestar más atención a otros efectos. Se vio que cumplía un papel muy relevante en la interacción social, aumentando la confianza hacia otras personas y reduciendo los temores hacia desconocidos. Pronto todo el mundo comenzó a especular acerca del prometedor futuro que esta molécula podría tener incrementando la empatía, como una especie de “facilitador social”.

Se pensaba que quizás podría ayudar en determinados casos de autismo, pero también para favorecer la relación médico-paciente e incluso incrementar las ventas al aumentar la sensación de complicidad entre los compradores y una determinada marca. La sorpresa vino más tarde, de la mano de varios ensayos en los que se había demostrado algo inquietante: resulta que la oxitocina incrementaba la empatía hacia las personas que catalogábamos como similares a nosotros en algún aspecto (lo que llamamos endogrupo), pero al mismo tiempo tendía a incrementar el rechazo hacia los individuos que quedaran fuera del mismo, detectándose incluso incremento de actitudes xenófobas e impulsos hostiles. Para muchos investigadores fue un mazazo.


Comentamos esto porque creemos que tenemos un gran problema en cómo intentamos entender el funcionamiento del cerebro. Existe desde hace décadas una cierta tendencia a localizar las funciones mentales en sitios o elementos concretos de nuestro cerebro, y encasquetar a cada sustancia su apellido particular. Cada cierto tiempo, en un intento por simplificar las cosas, volvemos a versiones más o menos elaboradas de frenología. Lo malo es que estas simplificaciones calan rápidamente en el público general a través de la divulgación y las secciones de ciencia de los medios de comunicación. Esto suele llevar a malentendidos.

Ejemplo de sobresimplificación,
 extraído de una página de horóscopos (¿?)

Así hemos hablado -errando estrepitosamente- de la dopamina como “la señal del placer”, la serotonina como el neurotransmisor “de la felicidad”, o la oxitocina como la inductora “de la empatía”... Sentimos una enorme necesidad de entender las cosas, por complejas que sean, y eso nos lleva a agarrarnos a la primera hipótesis o interpretación que surge. Este problema afecta especialmente al área de la divulgación científica. Olvidamos (o no dejamos lo suficientemente claro) que, por la forma en que debe funcionar el método científico, estas explicaciones siempre van a ser provisionales. Estarán ahí hasta que surja otra mejor o hasta que se confirmen experimentalmente. Y hace tiempo que el modelo localizacionista y unifuncional quedó desfasado.

Hoy tenemos algo más claro (aunque estamos lejos de entenderlo bien) que el cerebro funciona a través de circuitos o vías que se van activando unas a otras, encendiendo de forma sincrónica zonas difusas, en combinaciones que cambian según la función que se esté ejecutando. La mayor parte del cerebro está en marcha incluso cuando no estamos haciendo nada. Esto quiere decir que una región anatómica determinada puede tener diferentes funciones en cada momento. Las tareas de áreas como la amígdala, el hipocampo o la corteza prefrontal se comparten y solapan, con matices diferenciales mínimos que le dan a cada una su identidad. Nada tiene una única función, lo cual dibuja un panorama que nos puede aturdir de entrada.

Representación de una columna cortical (10.000 neuronas)
 a través de un modelo computacional, dentro del proyecto Blue Brain.
Se calcula que el cerebro cuenta con 86.000 millones de neuronas. 
Para entender la diferencia entre ambos modelos creo que puede ser bueno ilustrarlos con una metáfora.

Imaginemos que vivimos en una gran ciudad. De esas en las que hay tanto tráfico a motor que el cielo se oscurece en cuanto pasan 3 días sin lluvia. Si un día, caminando, nos detenemos sobre uno de esos puentes que sirven para cruzar las autopistas y miramos abajo veremos toda una sucesión de diferentes modelos de automóvil. A toda velocidad se nos cruzarán utilitarios de 4 puertas, todoterrenos, rugientes modelos deportivos, alguna furgoneta, varios camiones, motocicletas...

Uno podría empezar a detectar unas determinadas características:

  • Los todoterrenos parecen ideales para ir a la montaña, donde los caminos son abruptos.
  • Los deportivos parecen estar hechos para saltarse los límites de velocidad.
  • Las furgonetas sirven para transportar trabajadores y algo de material
  • Los camiones serian estupendos para el transporte de mercancías...


Imaginemos que les ponemos nombres:
  • El todoterreno puede ser la everestina, la molécula de la aventura.
  • Al deportivo lo podemos llamar superturbina, efector de la motivación.
  • A la moto, quizás yosolina, mensajero de la autonomía.
  • etcétera...

Si seguimos en el puente y nadie ha avisado a la policía, llegados a este punto tendremos bastantes hipótesis e incluso varios nombres para referirnos a lo que vemos. Pero ahora viene lo importante:

¿Reconocer el todoterreno y ponerle un nombre (everestina), nos ayuda a entender por qué los fines de semana se emplea para conducir por caminos de tierra cargando con toda la familia y la paellera, y por qué el resto de la semana quizás lo conduce por la ciudad una ejecutiva de cincuenta años que se dirige a recoger a sus hijos del colegio?

Reconocer el tipo de coche y asignarle una única función no nos permite entender en qué consiste un atasco de la operación salida. Pensar que el camión sólo tiene como función el transportar mercancía comercial (por el hecho de que la mayoría lo hacen) nos va a impedir imaginar que a veces transporta atracciones de feria, o droga, o gente secuestrada. Ni siquiera te va a servir de mucho tener un mapa de carreteras, con sus vías de circunvalación, sus radiales de peaje, etc, si no puedes distinguir el papel funcionalmente diferente al nivel de la ciudad que tienen el tráfico de la hora punta de un lunes, o la quietud de un domingo por la mañana.



Lo que queremos decir es que es necesario empezar a incorporar (también a efectos de divulgación) una visión contextual de los elementos que participan en las funciones cerebrales, entendiendo que pueden tener diferentes funciones según el momento y el objetivo final. Para saber por qué ocurre esto es bueno tener unas nociones de la historia evolutiva del sistema nervioso, así como del surgimiento de diferentes moléculas señalizadoras. Es bueno recordar que la selección natural es ante todo eficiente (léase ahorradora), y si puede emplear una molécula para varias funciones, aunque inicialmente sólo tuviera una, la versatilidad acabará triunfando.

Probablemente, si deseamos seguir avanzando, tendremos que empezar a confiar cada vez más en la comprensión de los circuitos neuronales (conectoma), en la visualización en vivo de actividad cerebral (en lugar de la neuroimagen estática), así como en los modelos computacionales y el uso de matemáticas avanzadas y análisis de sistemas no lineales.



Sólo de esta manera podremos seguir enriqueciendo nuestro conocimiento de la función cerebral, con modelos que hagan justicia a su complejidad, versatilidad y dinamismo.


Porque hasta las metáforas se nos pueden quedar viejas.

6 comentarios:

  1. Estupendo!! Una explicación certera que lamentablemente no es la que se posee ni se divulga. Gracias!

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    1. ¡Muchas gracias a ti por tu amable comentario!

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  2. Quizás, la acción "negativa" de la Oxitocina, como de otros neurotransmisores, se deba al tipo de combinación sináptica (con otros neurotransmisores y su intensidad... más allá de su acción excitatoria / hinibidora) en la que sin perder su liberación dominante, desemboca en dicho comportamiento. Bueno... es una hipótesis...

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    1. Está claro que, en todo caso, el mecanismo es complejo, y no tan sencillo como a veces nos gustaría pensar.. ;)

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  3. qué gusto un poco de saber científico, me ha encantado el artículo!

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    1. ¡Muchas gracias Patricia por tu comentario, nos estimula mucho! Un saludo.

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