miércoles, 29 de abril de 2026

Extraña vocación de piedra

Vulnerabilidades psicológica y existencial de los profesionales sanitarios.

Texto basado en mi intervención en la
Escultura de Antony Gormley
IIª Jornada de Diálogo entre Humanidades Médicas
, celebrada el 15 de abril de 2026 en la Facultad de Humanidades de la UNED, Madrid.

1.

Vulnerabilidad es la posibilidad de resultar heridos
es decir, la posibilidad de que el exterior se imponga y atraviese nuestras fronteras
generando un daño no superficial, sino uno que nos cambie,
que nos deje huella.

Tal y como nos suele pasar con el trabajo,
que nos cambia más él a nosotros
de lo que llegaremos a cambiar nosotros al trabajo en sí.

Todos somos, por tanto, vulnerables,
aunque durante los últimos 200 años hayamos vivido en una cultura que lo niega
lo oculta, lo reprime, que fantasea con la juventud eterna y la inmortalidad,
que ensaya todos los medios técnicos posibles
para no depender de los demás.

Es la fantasía del individuo autónomo, que dice bastarse a sí mismo;
ocultando el sometimiento del Otro, y del mundo exterior,
escondiendo sus residuos
como esa isla gigante de plásticos que sigue flotando todos los días
en el Océano Pacífico mientras soñamos con enviar humanos a Marte.

Esculturas de Antony Gormley

A pesar de las fantasías y las proclamas para endurecernos
la historia de la humanidad, y los hechos de nuestras vidas son tozudos
y nos hablan de infortunio, envejecimiento, enfermedad
y también de interdependencia y proyectos que sólo se alcanzan cooperando entre muchos.

El sistema sanitario público es, aún hoy, uno de esos frutos milagrosos de lo común.

2.

¿Diferimos las personas en cuanto a la vulnerabilidad?
En lo cuantitativo sí. Para empezar unos ya han sido más vulnerados que otros.
No partimos todos de la misma base de negligencias, daños y maltratos.

Ahí la forma en que nacemos, nos crían y cuidan
en nuestras familias, en nuestros grupos de pertenencia y comunidades
marcan un punto de partida del que no podemos escapar fácilmente.

Y diferimos también en las fuentes de nuestros daños presentes
Ahí el trabajo se impone como uno de los escenarios principales.
El trabajo determina los tipos más frecuentes de agresiones que enfrentaremos.
No se sufren los mismos daños desde la consulta, la ambulancia o la sala de urgencias
que en la oficina enmoquetada, el salón de belleza, la barra de bar o el campo de batalla.

Pero primero se me ha pedido que hable de vulnerabilidad psicológica.
Se nos va la mente al individuo. Sigámosla un rato por esta senda.
Encontraremos 3 hitos en ella:
  • Uno: somos animales.
  • Dos: no cualquier animal. Dentro de los mamíferos, somos primates.
  • Tres: Primates particulares. Somos seres verbales.

Es decir, como animales, somos sensibles a las contingencias.
Observamos que si primero viene una cosa, luego suele venir otra. Aprendemos.
Que a los esfuerzos suelen seguir recompensas. Seguimos aprendiendo.
Y son estas cadenas de actos y consecuencias las que modulan nuestra acción.
Hasta los ratones de laboratorio se deprimen
si presionan la palanca sin obtener respuesta.

Cabría entonces preguntarse: ¿obtienen hoy los trabajadores lo que esperan a partir de su esfuerzo?, ¿qué nos dice nuestra experiencia?

Como primates somos animales hipersociales. Necesitamos al otro.
Me gustaría subrayar esta palabra: necesitamos.
La necesidad convoca sentimientos complicados. Está preñada de ambivalencia.
Necesitar al otro unas veces nos gusta, nos arropa, y otras nos frustra.

Sea como sea, pasamos la vida en grupos, fuera de los cuales nos consumimos.
La convivencia en grupo no es sencilla.
Es un tira y afloja continuo entre cooperación y competición.
El equilibrio es importante. Los grupos se resienten de la desigualdad
pero no por ello los individuos dejan de intentar colocarse ventajosamente
dentro de la jerarquía, tanto la espontánea como la socialmente impuesta.
Y todo grupo tiende a defenderse oponiéndose espontáneamente al acopio de poder.

Otra derivada social clave. Nunca nos sentimos bien o mal en términos absolutos
sino que siempre nos medimos en relación a los otros. Nos comparamos.

La pregunta ahora sería: ¿cómo se están sintiendo los diferentes profesionales en relación con todos los demás?, ¿piensan que ha habido cambios en su posición dentro de la jerarquía social?, ¿creemos que los demás nos ven de otra manera?.

Como seres verbales, como primates enamorados de símbolos,
conscientes de nuestro fin y también de nuestros fines,
tenemos la imperiosa necesidad de dar sentido a nuestra experiencia.
Poner en palabras lo que nos pasa
, lo que hacemos,
y crear una breve historia que encajamos más o menos armoniosamente
en la trama narrativa de nuestra propia biografía.

También significa que somos capaces de crear reglas verbales a las que someternos.
Es decir, adoptamos sistemas de valores a los que llamamos principios
y que pueden entrar en conflicto
unos con otros (como sucede cuando el celo hacia el trabajo choca con la vida familiar, por ejemplo)
o con nuestra propia conducta (cuando sentimos el sufrimiento moral de vernos obligados por las circunstancias a actuar contra nuestros principios, o impedidos para el correcto proceder).

Pensemos ahora, no en cualquier persona trabajadora, sino en la heterogénea tribu de las trabajadoras sociosanitarias, mujeres en su mayoría.
No pasemos por alto lo que esto implica de histórico sometimiento a la dominación masculina
y la asunción todavía predominante de la tarea de cuidar.

De entre los factores personales que alimentan la pira
en la que más tarde puede que arda hasta consumirse nuestra vocación
tiendo a destacar tres:

Los diversos motivos, que condujeron a acabar dedicándose, entre todos los posibles oficios y profesiones del mundo, precisamente a esta, a cuidar.

La personalidad y los obstáculos que ésta nos plantea a la hora de enfrentar el trabajo, bien por falta o exceso de empatía, exceso de sentido de responsabilidad o el deseo de agradar y complacer que dificulta la puesta de límites.

Y por último las expectativas puestas en el trabajo. Una de las orillas bañadas por la distancia entre el ideal que uno esperaba y la realidad material que acabó encontrando.

Motivos. Personalidad. Expectativas.




3.

Está también el trabajo en sí, claro.
Trabajando para nuestros (dense cuenta de lo que implica el posesivo) pacientes
nos exponemos a las incontables caras del sufrimiento.

Y daría para hablar largo y tendido el repasar cómo han ido cambiando
las profesiones sociosanitarias a lo largo de la historia
conforme se imponían los avances tecnológicos y sucesivas formas de organización.

Pero hoy se me ha pedido que me centre en lo que, convencionalmente, entendemos como psicológico: nuestros adentros.

Cuando nos toca hacerlo en los grupos de desgaste, en nuestra unidad,
la sesión que aborda nuestros adentros
- ya saben: motivación, personalidad, expectativas -
nos parece siempre una sesión delicada
(aunque siempre termina bien y se suelen marchar agradecidos)

Delicada porque al centrarnos en esos factores individuales algunas personas guardan silencio educadamente. Otras protestan indignadas:
"No es problema mío, sino del sistema, la sobrecarga, la burocratización, los liderazgos autoritarios o abandónicos."

Y sí, es así, pero no solo.
Que es como decir: lo psicológico va en realidad más allá de lo individual.
Pero llegaremos a ello en unos momentos.
Quería hablar primero de este sentimiento que, cuando hace entrada en escena
suele distorsionar nuestra capacidad para pensar y entender: la culpa.

En este mundo del desgaste profesional, del Burnout, del sufrimiento de los sanitarios
parecería que a veces nos movemos pendularmente
entre culpar al sistema por sus insuficiencias manifiestas
o bien culparnos a nosotros por débiles, incapaces de cuidar eternamente con alegría.
Oscilando de un lado a otro, sin llegar en realidad a ninguna parte.

Con el tiempo he llegado a pensar que nuestra necesidad de dar sentido,
unida a nuestra naturaleza hipersocial, siempre atenta al estado de las relaciones,
a nuestra propia reputación dentro de grupos humanos,
es la que pone la culpa a funcionar.
Nos centra en una arista del problema
y nos dificulta apreciar todas las demás.

La culpa nos devuelve a las personas al modo de pensar por defecto, el lineal,

según el cual para cada causa hay un efecto.
Y se culpa siempre con una finalidad social: condenar o ser perdonados.
Pienso que interpretar el sufrimiento en clave de culpa es un intento
de construir un significado que preserve nuestra posición en el grupo social.

Pero debemos pensar un poco más allá si es que buscamos afrontar problemas como el desencanto de los profesionales sanitarios.

Y es que, si una llave y una cerradura encajan, ¿de quién es la culpa?, ¿de la llave?, ¿de la cerradura?.

Necesitamos espacios como éste,
para pensar desde la calma
con la mirada abierta a la complejidad.

4.

No existe tal cosa como una psicología puramente individual
más allá de los libros y las teorías
que creamos para entender el mundo. 

Cierta rama de la Psicología Social, la Operativa
entiende y propone que los sujetos
nos vamos construyendo mutuamente a partir de los vínculos
que las personas establecemos unas con otras
al relacionarnos de continuo, a diferentes niveles y escalas de magnitud.

No somos ni seremos nunca individuos enteros,
orbitando alrededor de una esencia.
No estamos preconfigurados
Ni vivimos en el vacío.

Nacemos de madre,
quien nos trae al mundo normalmente dentro de un grupo primario
el cual internalizamos en forma de partes,
partes que a menudo dialogan y entran en contradicción.
Ese grupo primario, normalmente una familia, formaba parte de una comunidad, unida por un entorno y un lenguaje
Que habilitó la posibilidad de relacionarnos con sucesivos grupos
de amistades,
de estudios,
de aficiones,
de trabajos.
Trabajos que nos permiten insertarnos en instituciones
y en los que se replican los mismos mandatos vigentes
en la sociedad que las ha creado.
Mandatos sobre cómo ser mujer, u hombre, o niño, o anciano, o enfermo, o discapacitado en un mundo, para bien o para mal, cada vez más interconectado.

Nuestra psicología, nuestros modos de sentir, pensar y actuar,
son la resultante
de un interjuego entre todos estos ámbitos.

No somos pura voluntad, sino que estamos sobredeterminados
por todos estos ámbitos por los que fluye el poder en ambas direcciones.

Nos quejamos los sanitarios de la institución. ¿No somos acaso parte de ella?



Una parte de nuestra impotencia, creo, procede de pasar por alto
que en toda situación nos influyen estos ámbitos
y que el impulso, aunque más limitado, puede ir de vuelta.
Podemos operar cambios en la realidad
y no solamente ser paulatinamente cambiados por ella.

La vulnerabilidad, por tanto, es mejor que no la pensemos únicamente desde el individuo
ni debiéramos dedicar más tiempo del necesario a la búsqueda de culpables
ante situaciones complejas.

La situación de cada persona requerirá ser analizada
para comprender por qué grietas se nos ha colado e impuesto el exterior
y comprender qué ámbitos están pesando más en su sufrimiento en el trabajo.
Y cada caso nos servirá, ocasión tras ocasión, para pensar el mundo que cohabitamos.
Aunque sea a través del ojo de la cerradura de nuestra consulta.

5.

Por último unas palabras acerca de la vulnerabilidad existencial.

Las palabras nos permiten viajar
en el tiempo y entre los cuerpos.
Podemos acceder a realidades que no tenemos claro que estén al alcance
del resto de animales.

El maestro de psicoterapeutas Irvin Yalom, en su obra Psicoterapia Existencial, resumió en 4 los grandes temas existenciales que subyacen
frecuentemente ocultos bajo la apariencia de otras inquietudes o motivos de consulta:

La certeza de la muerte (aunque solo en pocas ocasiones nos ciegue este hecho)

La irremediable soledad del individuo (que es el único que habita bajo su piel)


La libertad (y la responsabilidad que conlleva)

La inexistencia de un sentido instrínseco o unívoco de la vida.

De estos cuatro jinetes de la angustia existencial
cuando pienso en los profesionales sanitarios
me inclino a pensar que todos contribuyen
pero ninguno tanto como la pérdida del sentido.

Porque si algo nos enseña la historia de la humanidad,
y nuestras propias vidas, si dedicamos un rato a pensarlo,
es que las personas somos capaces de soportar cualquier sufrimiento
siempre y cuando tenga un significado importante para nosotros.

Al tiempo que todo sufrimiento nos parece insoportable, indigno, humillante
si lo envuelve el absurdo
, si no somos capaces de encontrarle un sentido
o si llega bajo la imposición del sentido del otro.

Por tanto, y rescatando los ámbitos en los que se inserta la vida humana
yo os pregunto:

¿Qué sentido individual le damos hoy al trabajo que desempeñamos como sanitarios?

¿Cuál es la tarea del equipo de trabajo del que formamos parte?

¿Para qué se creó la organización o institución en la que trabajamos?

¿Qué idea de salud tiene la comunidad que nos envuelve?

¿Qué planes tiene nuestra sociedad para las comunidades que la forman?

¿Qué sería una salud de la humanidad en el contexto de nuestro planeta?


Son muchas preguntas.

Mejor no pensarlo todo a solas.



@JCamiloVazquez

  • Acceso al video de la intervención: https://canal.uned.es/video/69e0922990e0c5e8610589ea
  • Todas las esculturas son obra del británico Antony Gormley (b. 1950)

lunes, 30 de marzo de 2026

En el principio fue el trabajo

Sinuosa introducción a la Psicodinámica del Trabajo de Christophe Dejours. (Parte I)

Cartel del Ier Taller en torno a la obra de Dejours
organizado por la AMSM-AEN

La que hoy publicamos, además de ser la primera de este año, será la entrada que inaugure una serie de textos con un objetivo: servir de introducción a un modelo teórico que permite entender la salud mental en el trabajo más allá de la psicología convencional de las organizaciones y los marcos basados en el estrés.

El modelo alternativo que aquí se plantea cuenta con raíces psicoanalíticas y ha sido desarrollado fundamentalmente en Francia, siendo su actual impulsor el psiquiatra y psicoanalista experto en salud laboral Christophe Dejours.

Al profesor Dejours tuve el gusto de conocerle y el privilegio de presentarle en las XXVII Jornadas de la Asociación Madrileña de Salud Mental (AMSM-AEN) de 2024. Aquí os enlazo el video a su conferencia inaugural, de completa actualidad.

Aquí el autor de esta entrada presentando
al profesor Dejours.
Pero antes de meternos de lleno en la psicodinámica del trabajo será necesario que hagamos un repaso histórico a la cuestión que nos permita entender cómo se pasa de entender el trabajo como sufrimiento a plantear que puede haber placer en el trabajo.


El trabajo como condena.

En nuestra cultura, y más en nuestro momento histórico actual, casi todas las personas coincidimos en la siguiente idea: trabajar es sufrir.

No nos pillan por sorpresa los estudios que, consistentemente, confirman la relación causal entre precariedad y patología. El trabajo mal organizado, inestable o realizado con insuficientes medios materiales y humanos nos enferma, tanto a nivel físico como psíquico.

Sabemos también que los conflictos entre colaboradores, el acoso, la violencia en el trabajo son fuente de desestabilizaciones psíquicas de las que a veces resulta muy complejo recuperarse, pudiendo conducir incluso al suicidio.

A pesar de esta relación intuitiva entre sufrimiento y trabajo no suele estar claro cuál es la gota que colma el vaso de un trabajador y le lleva a no poder más.

Ilustr. Graffiti atribuído a Banksy
Tampoco esta forma de entender el trabajo resuelve un misterio todavía mayor: ¿cómo es que la mayor parte de los trabajadores no enferman?, o ¿cómo es que no enfermamos todo el tiempo sino tan sólo en determinadas circunstancias?

Pareciera que, pese a las miserias cotidianas del trabajo, algo en él nos sostiene.

Pero retrocedamos en el tiempo.

La preocupación médica por los efectos del trabajo sobre los trabajadores se trata de un hecho históricamente tardío. 

Y podría decirse que su peso, la importancia que tiene actualmente el campo de la salud laboral, aún hoy resulta marginal si se lo compara con la relevancia que tiene el trabajo en nuestras vidas y en la organización de toda la sociedad.

¿Por qué empezó a trabajar el ser humano?

Hay culturas como las mesoamericanas que entendían el trabajo como un medio para servir a los dioses, quienes les habrían creado con ese objetivo. En la medida en que ellos habrían creado el mundo, sería responsabilidad de los humanos corresponder la deuda contraída con las deidades asumiendo la responsabilidad de trabajar para complacerlas.

En la cultura china existe el mito de la creación por parte de Nüwa. Según este relato los humanos fueron creados artesanalmente a partir del barro para hacerle compañía. Primero fueron modelados los nobles de uno en uno. Más tarde, cansada por lo laborioso de la tarea, Nüwa empapa una cuerda de barro y la sacude vigorosamente, creando con su salpicadura a la gente común. Se justifica de esta manera un orden social.


En otros episodios Nüwa contempla cómo los cielos se rompen, provocando inundaciones y desolación. Dedica parte de sus esfuerzos en repararlo y sostenerlo. Se trata de una cosmovisión artesanal: el mundo tiende al deterioro y requiere un mantenimiento constante. El ser humano, con su trabajo, tiene el deber de contribuir al mantenimiento del equilibrio.

Ilustr. Instalación de Anthony Gormley. "Field for the British Isles", 1993.

La cosmovisión judeocristiana la conocemos bien: Adán y Eva (también creados a partir del barro) caen en la tentación y prueban el fruto prohibido del árbol del conocimiento del bien y del mal. Por este motivo son desterrados del Jardín del Edén, donde sus necesidades estaban resueltas y vivían en plenitud. En su destierro conocen la escasez, y se enfrentarán a ella portando dos mandatos o maldiciones divinas: el hombre "ganará el pan con el sudor de su frente", y la mujer "parirá con dolor". Trabajo productivo y trabajo reproductivo como condena que hará indisociables la noción de trabajo y sufrimiento.

Deuda, deber o, en nuestro caso, condena. Leídos estos relatos míticos con ojos contemporáneos, es decir, como tataranietos de la Ilustración que se proponen comprender racionalmente tanto los hechos físicos como los sociales, entendemos que esta pulsión fatalista que late bajo nuestra noción de trabajo no aparece realmente por capricho divino ni por azar.

Ilustr. Fresco de Miguel Ángel Buonarroti en la Capilla Sixtina. 

Desde Marx sabemos que la ideología alrededor del trabajo es el resultado de dinámicas y procesos sociales de largo recorrido que sostienen un cierto orden social. Todos los grupos humanos deben dar respuesta a una serie de necesidades vitales. Pero que éstas se resuelvan por medio del vasallaje feudal, la esclavitud, el trabajo asalariado o la autoexplotación del autónomo dependerá de cada momento histórico. En un territorio determinado se dan ciertas condiciones materiales que se traducen en hechos sociales y éstos se interpretan a través de ideologías. A su vez estas ideologías inspiran comportamientos sociales que se traducen en hechos materiales, como propone Max Weber en "La ética protestante y el espíritu del capitalismo". Se articula así una espiral interminable.

 La idea de trabajo, por tanto, cumple la función de naturalizar los procesos de producción que tienen lugar en una sociedad, a pesar de que si se examinan en detalle se puede comprobar que son contingentes. Es decir, las formas de producir son unas, pero podrían haber sido otras. Y aún podrían ser otras.

Esto permite entender el desconcierto e inquietud que generan en muchas personas, no necesariamente acaudaladas ni privilegiadas, ideas como la Renta Básica Universal (RBU). Lo que entraría en crisis en caso de desaparecer la necesidad humana de trabajar no es tanto el acceso a los recursos, sino la propia organización de la sociedad. Asomaría, en último término, la amenaza de la violencia.

La cuarta pregunta.

Cabe pensar que fue precisamente esta función del trabajo como estabilizador del orden social la que contribuyó durante varios milenios a desalentar o desmerecer la importancia el estudio de los efectos del trabajo sobre la salud.

Aunque existían observaciones puntuales por parte de algunos clínicos clásicos (Hipócrates, Galeno) no fue hasta 1700 que se publicó el que sería el primer tratado sistemático de salud laboral: "De Morbis Artificum Diatriba" o "Tratado de las enfermedades de los artesanos".

Bernardino Ramazzini (1633-1714), su autor, es considerado el padre de la especialidad de Medicina del Trabajo. En su obra magna realiza una ingente revisión de todos los textos clásicos publicados acerca de las particulares formas de enfermar de cada oficio. Además aporta su propia experiencia, poniendo al día este cuerpo de conocimiento. Su tratado, disponible para consulta gratuita aquí es una deliciosa oportunidad de bucear en un rico catálogo de profesiones y oficios de antaño.

Pero además Ramazzini ha pasado a la historia por incorporar una más a las tres clásicas preguntas con las que Hipócrates sentó la base de la entrevista médica (anamnesis): ¿qué le pasa?, ¿desde cuándo?, ¿a qué lo atribuye?. La cuarta pregunta, hasta entonces apenas tenida en consideración, pasará a ser: ¿y usted a qué se dedica?, ¿cuál es su trabajo?. Una pregunta fundamental porque al escoger un oficio estamos escogiendo también deformación y enfermedad profesional. O dicho de otra manera, el trabajo nos cambia más de lo que nosotros llegaremos a cambiar el trabajo. Pero lo veremos en futuras entradas.

Volviendo a Ramazzini, probablemente su interés por la salud de los trabajadores naciera de la compasión que brota a partir del contacto estrecho con el sufrimiento humano. Y podemos imaginar al médico modenés lamentando la precariedad de su labor, su impotencia como clínico limitado a señalar y recomendar que sería bueno que los mineros respirasen aire limpio de tanto en tanto, o que dejar reposar a las tejedoras encintas evitaría que se malogre el fruto de su vientre.

A pesar del innegable mérito de la obra de Ramazzini esta habría de caer en el olvido hasta ser traducida al inglés en la segunda mitad del Siglo XX. La preocupación por la salud de los trabajadores no llegó inicialmente a través de la ciencia médica, sino a como resultado de la progresiva aplicación de métodos racionales de organización del trabajo conforme avanzaba la revolución industrial europea. La producción fabril requería de la labor coordinada de grandes colectivos humanos. Esto concentró la exposición a riesgos materiales y disparó la incidencia de accidentes laborales. Al mismo tiempo favoreció la aparición, por un lado, de la llamada conciencia de clase y la lucha organizada a través de huelgas. Por otro lado, se imponía lentamente un reticente interés por la salud del obrero en tanto que "herramienta" o capital humano.

Ilustr. Anthony Gormley. Field for the British Isles, 1993.
Conforme las tareas se volvían más especializadas y los obreros menos prescindibles su pronta restitución en caso de enfermar iba resultando más conveniente para equilibrar los balances económicos de las empresas. La Organización Internacional del Trabajo se fundó en 1919, pero no fue hasta la postguerra tras la Segunda Guerra Mundial que se instituye el marco laboral vigente, alentado por el miedo a una extensión en suelo europeo de la revolución comunista. El enfoque contemporáneo basado en la evaluación de riesgos, la prevención del daño y la responsabilidad del empleador no se asienta jurídicamente hasta finales del siglo XX (Directiva Europea de 1989, Ley española de Prevención de Riesgos Laborales de 1995).

Teniendo en cuenta el mito fundacional del trabajo como condena por los pecados, la desigualdad secular y naturalizada en cuanto a la propiedad de los medios de producción, y la condición del escenario laboral como campo de batalla de la lucha de clases, no es de extrañar la mala prensa de la que goza el trabajo.

Ilustración de autor desconocido. El trabajo mental es el característico
del denominado "Capitalismo cognitivo"

Visto lo visto. ¿Es acaso imaginable un tránsito desde el dolor al placer en el trabajo?, ¿es todo cuestión de alienación, de asimilar los valores de la clase dominante?

Lo averiguaremos en la siguiente entrada de esta serie.

Referencias:
  • Informe PRESME. Precariedad laboral y salud mental. Joan Benach (Coord.) Ministerio de Trabajo y Economía Social. 2025.
  • The Lancet. Work and Health series. Octubre de 2023.
  • De Morbis Artificum Diatriba. Bernardino Ramazzini, 1700.
  • Capitalismo canalla. Cesar Rendueles. Seix Barral, 2015.