sábado, 9 de agosto de 2014

Adicción a FOREX, ¿puede enganchar la inversión online?

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"La codicia, a falta de una palabra mejor, es buena; es necesaria y funciona. La codicia clarifica y capta la esencia del espíritu de evolución. La codicia en todas sus formas: la codicia de vivir, de saber, de amor, de dinero; es lo que ha marcado la vida de la humanidad."

Gordon Gekko. Wall Street, 1987.


La frase, enunciada por ese exitoso Yuppie al que Michael Douglas ponía piel bajo la dirección de Oliver Stone, quería representar un cierto estado de ánimo, el de aquellos desacomplejados años ochenta de liberalismo económico que hicieron de la Bolsa de Nueva York su emblema.

Hoy en día los inversores como Gekko no están tan bien vistos como entonces. Por otro lado, su perfil se ha diversificado. Su hábitat ha dejado de limitarse a los rascacielos enmoquetados o los cada vez menos bulliciosos parqués de la bolsa. Si algo nos ha traído Internet es la posibilidad de llegar a todas partes sin movernos del salón de casa, y Forex es una de las señas cada vez más pujantes de esta postmodernidad líquida, de la que todos podemos reclamar nuestra porción.

La democratización de los mercados


¿Qué es Forex? Se trata de la exitosa contracción de Foreign Exchange trading, es decir, el mercado internacional de divisas. En él se lleva a cabo la compra-venta pareada de moneda de diferentes países, intentando hacer negocio gracias a las variaciones de valor de una de ellas respecto de la otra. La idea es sencilla: comprar barato y vender caro escogiendo el momento adecuado. Quizás no haya oído hablar de Forex hasta la fecha, pero le daremos un dato simplemente para situarnos. Se calcula que este mercado financiero mueve actualmente, en un día, un volumen de operaciones equiparable al de la bolsa de Nueva York durante un mes. Ahí es nada.

Pero esto no siempre fue así. Durante décadas los únicos actores relevantes en este mercado fueron los bancos, las agencias de inversión y los propios estados, por lo que se trataba de un sector más o menos acotado. Sin embargo, la irrupción de Internet y el desarrollo de software de fácil manejo han provocado un cambio sin precedentes: hoy en día este mercado tiene su mayor potencial y fuente de crecimiento en los inversores particulares. Cualquier persona con ganas de invertir puede, tras descargar e instalar en su ordenador un programa relativamente sencillo, comenzar a especular con divisas desde su hogar u oficina.

¿Por qué Forex es cada día más popular? Existen varios motivos. Se trata de un mercado esencialmente desregulado, sin organismos de supervisión ni intermediarios oficiales a los que haya que pagar comisiones para operar, como ocurre en la bolsa de valores. El nivel de apalancamiento permitido es alto, es decir, con un aval relativamente modesto podemos negociar cantidades proporcionalmente muy superiores a nuestra liquidez disponible. Por otro lado, hace falta poco dinero para comenzar a jugar (entre 200 y 5000 euros). Aparentemente todo son facilidades.

Pero quizás su mayor atractivo (y también potencial peligro) lo constituye la alta volatilidad del mercado, debida a las rápidas fluctuaciones de unos activos que no se vinculan a la marcha real de la economía de cada país, sino a previsiones de futuro dependientes de múltiples (y discutibles) indicadores. Esto plantea ante el inversor aficionado un horizonte de pingües ganancias en relativamente poco tiempo si se toman determinadas decisiones en el momento adecuado. Pero las pérdidas, como nos recuerdan casi todos los tutoriales y manuales de Forex, pueden estar igualmente a la orden del día si no nos andamos con ojo.


¿Un negocio al alcance de cualquiera?


Las webs y los foros dedicados a Forex son abundantísimas (39,6 millones de resultados en Google en el momento de escribir esta entrada). La mayor parte de su contenido se concentra en torno a:
  1. información para introducirse en el mundo del Forex.
  2. solicitudes y aportaciones de consejo para invertir mejor.
  3. experiencias personales como traders, tanto positivas como negativas.
Si realmente las personas tomaran sus decisiones económicas según el modelo teórico del Homo oeconomicus (evaluando racionalmente los recursos disponibles y maximizando sus ganancias al menor coste posible) la psicología no jugaría un gran papel en Forex, y todo sería una cuestión de formación técnica adecuada o insuficiente. Sin embargo la situación es otra. No son raros los artículos que nos sugieren cuál debería ser la actitud personal a la hora de invertir. En ellos se abordan algunos aspectos psicológicos procedentes del sentido común, por ejemplo:

Psicología del inversor: “estudie su inversión (tomarse tiempo para reflexionar). Deje continuar sus ganancias (es decir, no vender impulsivamente). No se case con sus operaciones (no aferrarse emocionalmente). No apueste su casa (no dejarse llevar). Acepte sus errores y aprenda de ellos”.


También existen numerosos vídeos dedicados a este asunto, como este o este:

Tras revisar una muestra de este material no es difícil señalar algunos de los enemigos recurrentes del inversor: el exceso de confianza, el descontrol emocional, los ardientes deseos de recuperar las pérdidas recientes o la poca disciplina, entre otros. Como profesionales de la salud mental, estos enemigos nos suenan a sospechosos habituales. Es difícil dejar de pensar en la relación que existe entre juegos de azar y ludopatía. ¿Puede tener esto algo que ver con Forex?

Vista desde fuera, la manera de invertir en Forex podría parecer mecánica e inofensiva, y de hecho muchos recomiendan encarar su participación en este mercado como un oficio, una rutina carente de emoción: encender el ordenador, abrir el software, supervisar los gráficos de evolución de forma intermitente, apurar los minutos mientras queden mercados abiertos a lo largo del huso horario, comprar, vender, o bien esperar, no hacer nada.

Lo que proponen muchos de los traders más experimentados, o bien esa creciente hueste de brokers que se ganan la vida “enseñando a invertir”, dibuja una actividad más parecida a la pesca que al estimulante regateo del zoco. Sin embargo, las recomendaciones de prudencia parecen coexistir con la burbujeante ambición propugnada por Gordon Gekko al son de “es fácil hacer dinero si sabes cómo”. Sería algo así como animar a la gente a sacar la caña del trastero con la idea de que todos nos merecemos atrapar a Moby Dick. El mundo que rodea Forex se encuentra preñado de esta ambivalencia, y de diferentes personas lidiando con ella, con resultados dispares. ¿Con qué herramientas contamos para hacerlo?



Homo oeconomicus vs Homo ludens


Vía: http://www.2stroke.co.za/blogs/behavioural-economics-social-media
Como animales que somos, hemos sido programados para responder a los incentivos del entorno con el objetivo de sobrevivir y transmitir copias de nuestro material genético. Estamos orientados, por pura lógica evolutiva, a buscar el beneficio y evitar el daño. De ello se encarga nuestro sistema de control motivacional, antes llamado sistema de recompensa y castigo. Por consenso social, el dinero actúa sobre este sistema como un reforzador universal. Es decir, a pesar de que no alimenta ni incrementa nuestras opciones reproductivas de forma directa, sí permite acceder indirectamente a toda clase de alimentos, parejas fértiles, refugio, etc. Por ello el dinero es vivido como beneficioso y resulta altamente deseable en todas las culturas que acuerden emplearlo de forma simbólica como representación del valor, no siendo la única, pero sí la más extendida.

Este sistema de control motivacional, que discrimina lo deseable de lo repulsivo, se ha servido durante millones de años de las emociones para hacer su trabajo. Sólo muy recientemente en nuestra historia evolutiva hemos adquirido un lenguaje verbal que complementa este sistema y nos permite llevar a cabo evaluaciones racionales “en frío”. Pero el sistema no es perfecto. Como si fuera una “versión beta” de la cognición humana, este modo racional de evaluación y planificación -aunque prometedor- está lleno de agujeros por los que se cuela nuestro “magma” emocional de toda la vida. Frente al dinero esto solo se hace más evidente. La simple perspectiva de ganar o perder dinero viene siempre acompañada de una cierta carga emocional, cuya intensidad será proporcional a su cuantía relativa. Hallazgos como estos han dado lugar a campos enteros del conocimiento, como la neuroeconomía o la economía conductual (behavioral economics).

Cada vez es más evidente que, en contra de lo que pensaban los defensores del Homo oeconomicus, las decisiones del día a día se encuentran inevitablemente ligadas a nuestro repertorio emocional. Cuando uno se sienta frente al ordenador para invertir en Forex, lo hace con todo este aparataje emocional preparado para lanzar señales de “¡adelante!” o “déjalo y mejor vive otro día”. El asunto clave aquí es que las emociones van a aparecer, lo queramos o no, en el transcurso de algo que quisiéramos que fuera puramente racional (como aconsejan los expertos). Y esas emociones, además de distorsionar el proceso de invertir de varias maneras, pueden llegar a gustarnos. De hecho, tiene sentido que sea así. Las emociones positivas asociadas a la ganancia de dinero promoverán que repitamos la conducta de intentar ganar más dinero, de la misma forma que disfrutar de la comida favorece que volvamos a tomarnos la molestia de salir a conseguir alimentos.

Así es como vamos transitando, paso a paso, desde ese Homo pretendidamente económico, que simplemente quería complementar su salario, al Homo ludens que disfruta con ello y hace del disfrute una motivación relevante. Y es que ambas partes conviven en nosotros: el tímido e incipiente mono racional junto con esa emotividad primigenia que contribuye a conformar nuestra cultura a través de los juegos, los ritos y el gozo que éstos proporcionan.

Pero, ¿qué papel juega la adicción en lo que hemos planteado hasta ahora?



Ludopatía inversora


Existe un enorme desfase entre evolución biológica y evolución cultural. Esto implica que nuestro organismo se encuentra diariamente con versiones “destiladas” de estímulos apetitivos para las que no se encuentra preparado, ya sean bebidas alcohólicas de alta graduación, azúcares refinados, cocaína, sexo desafectivizado, y un largo etcétera. Este es el origen de las denominadas enfermedades de la civilización.

Los estímulos “destilados” o mejorados artificialmente encajan en nuestro esquema de incentivos, pero lo hacen como estímulos supranormales, es decir, capaces de secuestrar nuestra motivación de forma tan intensa que el resto de estímulos adaptativos quedan momentáneamente ensombrecidos. Son famosos los experimentos con ratones de laboratorio que, puestos a elegir entre comida o cocaína, fallecen de inanición presionando la palanca que liberará los polvos blancos.

¿Podríamos decir que Forex nos expone a estímulos supranormales?

Sin duda. La expectativa de obtener dinero de forma más o menos inmediata y en grandes cantidades lo es, por supuesto. Pero existe uno más importante todavía: el azar, que es la versión destilada de la incertidumbre. Podríamos entrar a debatir si verdaderamente es azar lo que sucede en los mercados financieros, pero en la práctica no existe mucho lugar para dudas, en la medida en que las previsiones a futuro son tan especulativas que la mayor parte de la labor de los analistas consiste en interpretar a toro pasado los comportamientos de los mercados, creando la ilusión de que algo se atisbaba desde un principio. De ahí que muchos identifiquen, de forma intuitiva, esta tortuosa volatilidad de los mercados con lo que ocurre en los salones de los casinos.

Áyax y Aquiles jugando a los dados a las puertas de Troya.
Esta comparación va más allá de cualquier metáfora porque ciertamente dinero e incertidumbre son la base de todos los juegos de azar. Cuando se combinan pueden llegar a tener un efecto impresionante sobre la mente de las personas. Se ha demostrado a nivel experimental que la expectación ante una posible ganancia es mucho más intensa cuando ésta no es segura, en comparación con lo que sucede cuando el resultado se conoce con certeza. Lo mismo sucede con las adversidades, como bien saben los torturadores o maltratadores profesionales, que aprenden que aplicar el castigo de forma arbitraria e imprevisible incrementa exponencialmente el terror y la indefensión de la víctima.

Algunas personas, por su peculiar tolerancia al riesgo y/o necesidad de sensaciones intensas, son especialmente proclives a participar de estas actividades lúdico-inversoras. Por otro lado, cualquiera que esté pasando una época determinada (pongamos, una depresión) y se le cruce el juego (o los mercados) en su camino, puede verse en riesgo de acabar perdiendo el control de sí mismo.

Es por ello que ya no resultan extraños para los profesionales de la salud mental los casos de adicción a la inversión de capitales, como bien se explica en este artículo de El País. El riesgo de desarrollar una adicción a las inversiones es equiparable al de cualquier otra ludopatía. Simplemente tienen que darse las condiciones adecuadas.

En el caso concreto de Forex, además de este núcleo común a todos los juegos de azar, no podemos dejar de apreciar algunas semejanzas con otros dispositivos con alto potencial adictivo. Pondremos algunos ejemplos:

Ilustr: Owen Freeman
· Con las tragaperras (slot machines): dispositivo unipersonal, con estímulos luminosos intermitentes, facilitador del aislamiento social y de la pérdida de la noción del tiempo.

· Con la ruleta de casino: posibilidad de exponerse a grandes ganancias y grandes pérdidas en corto plazo de tiempo, aureola de sofisticación y prestigio social.

· Con los juegos de cartas, en especial el póker: aureola de prestigio social (en auge desde que se promociona como un deporte más) y una combinación especilmente atractiva de azar (alea) y habilidad (agon), que potencia los sesgos cognitivos de control y sobreestimación de las propias capacidades.


¿Quiere esto decir que cualquier persona que invierta en Forex corre el riesgo de padecer una adicción? Ni mucho menos.



¿Cómo reconocer la adicción?


Como ya hemos tratado en otras entradas de este blog, la adicción se define por un tipo de relación peculiar mantenida con una actividad, sustancia o persona. En esta relación encontraríamos:

a) Disminución o pérdida del autocontrol
b) Problemas o dificultades significativas a nivel personal
c) Autoengaño y mentiras al entorno

Esta relación, mantenida en el tiempo, genera hábitos nocivos y provoca un deterioro progresivo de la personalidad, en la medida en que crece la brecha entre lo que se es y lo que un cree ser.

Aplicado al caso del Forex deberíamos precuparnos cuando:

AUTOCONTROL
Pasamos más tiempo del programado frente al ordenador. Nos roba horas de sueño. Pasamos a comer o cenar frente a la pantalla. Se invierte más dinero del planeado, especialmente si es para recuperar pérdidas recientes. Resulta difícil mantener una estrategia inversora a medio-largo plazo. La idea de invertir está en mente de forma habitual.
PROBLEMAS
Disminuyen el interés y el tiempo dedicado a actividades antes significativas (familia, trabajo, ocio), aparecen irritabilidad y falta de concentración ante exigencias del día a día ajenas a Forex, se deteriora la economía personal, se solicitan préstamos y generan deudas.
AUTOENGAÑO Y MENTIRAS
Aparecen excusas y justificaciones cuando falla el autocontrol, se racionalizan los reveses económicos o se confía ciegamente en una posible recuperación, se ocultan las pérdidas y se mencionan únicamente las ganancias, se reconocen menos horas frente al ordenador de las dedicadas realmente, se exagera el carácter “laboral” de Forex para justificar la dedicación.

No es fácil que uno se de cuenta de todo esto por sí solo. La conciencia de la situación puede aparecer a veces de forma fugaz para desvanecerse detrás del autoengaño. Muy poca gente disfruta sintiendo que pierde el control para actuar como quisiera, por lo que la mente nos protege automáticamente modificando parcialmente nuestra percepción de la realidad. El papel del entorno (familiares, amigos), como en cualquier adicción, será clave para desvelar lo que está ocurriendo y poder brindar apoyo.

Esto puede ser más difícil que en otras adicciones, puesto que Forex requiere un cierto nivel de formación técnica para ser comprendido, y resultará sencillo para el inversor ocultar información sensible. 

Por otro lado, es fácil que Forex pase como una forma de trabajo (lo que debiera ser idealmente), aunque en esos momentos esté tomando las riendas la parte lúdica del proceso. Por último, el mundo financiero puede deslumbrar en ocasiones por resultar altamente atractivo, transmitiendo una sensación de eficacia que puede distar mucho del estado de nuestras cuentas. Ser ajeno a todo esto esto no conseguirá sino aislar a la persona durante más tiempo junto con su problema, agravando el pronóstico.

En cualquier caso, una persona que reconozca en sí mismo las señales de la adicción habrá dado el que sin duda será el paso más importante en la recuperación, basada principalmente en el tratamiento psicológico grupal y el apoyo tanto a nivel individual como familiar. 

La ambición o la codicia, como afirmaba Gekko, no tienen por qué ser necesariamente nocivas, pero para poder beneficiarnos de ellas debemos estar al tanto de su alcance, y de nuestras limitaciones como animales parcialmente racionales.


Bibliografía.

Currency trading for dummies. Mark Galant & Brian Dolan.
Homo ludens. Johan Huizinga.
Los juegos y los hombres. Roger Caillois.
En deuda. Una historia alternativa de la economía. David Graeber.

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